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El Covid en Farmacia:

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de España a Italia pasando por Francia, tres farmacéuticos nos cuentan su experiencia.

Benoit Vongsouthi, Pharmacie de St Mathieu
Saint-Mathieu-de-Tréviers, France

Ante la pandemia de COVID-19 tuvimos que modificar nuestra manera de trabajar.
Muy pocos clientes se atrevían a venir a la farmacia por miedo a contagiarse con posibles enfermos. Ampliamos nuestro servicio de entrega a domicilio para asegurar la continuidad de los tratamientos para personas con enfermedades crónicas.
Un punto crucial era garantizar nuestra seguridad, la de nuestro personal y la de nuestros clientes. Eso no fue fácil. Queriendo controlar el stock de mascarillas, el gobierno publicó una lista de los profesionales de la salud que podían tener acceso a ellas. Aunque los técnicos de laboratorio están en contacto con los clientes, no estaban en la lista… Tuvimos también que enfrentarnos a las interrupciones del suministro de mascarillas, guantes, alcohol, desinfectantes… Entonces fue bastante difícil protegernos correctamente y proveer a los profesionales de la salud este equipamiento indispensable durante esta pandemia.
A eso, hay que añadir un desajuste entre lo que fue dicho a la población y lo que realmente se podía encontrar en una farmacia. Algunos clientes no entendieron y expresaron su insatisfacción con desesperación y agresividad. Nos sentimos impotentes y agotados. Ademas del miedo al contagio toda esa frustración contribuyó a generar un ambiente de estrés y de angustia permanentes.
Pero también hubo sorpresas agradables, durante esos días tan difíciles tuvimos también la suerte de beneficiarnos de un formidable acto de solidaridad: uno de nuestros clientes habituales se ofreció a instalarnos pantallas de protección y lo hizo de forma totalmente gratuita. Le estaremos infinitamente agradecidos siempre.
Al mismo tiempo, también fuimos afortunados por formar un equipo de trabajo muy unido. Todos fuimos diariamente a cubrir nuestro puesto de trabajo a pesar del riesgo que corríamos. Únicamente faltó uno de nuestros compañeros porque tenía que cuidar de sus hijos. De esa forma pudimos mantener los horarios de apertura sin cambios y ofrecer un servicio completo y satisfactorio a nuestros clientes. Hasta ahora ninguno de los miembros de nuestro equipo se ha encontrado infectado por el virus. Si de algo ha servido esta difícil prueba es para demostrar lo unidos que estamos por lo que la cohesión del equipo ha salido reforzada.
Finalmente quiero añadir que estamos orgullosos de haber contribuido a la lucha contra el coronavirus SARS-CoV-2 y y el reconocimiento de nuestros clientes ha sido para todos nosotros una motivación que no olvidaremos nunca.

Natalia Escobar

Los farmacéuticos en la crisis del Covid creo que han tenido un importante papel de “cortafuegos”.
Hemos hecho más que nunca una labor de atención farmacéutica (siempre dentro de la legalidad) atendiendo todo tipo de urgencias de  pacientes que no podían acudir al centro de salud o a urgencias por miedo al contagio, llevando medicaciones a domicilio a gente de avanzada edad, incluso telefónicamente para solucionar ansiedades y dudas.
Y todo ello con mucho desánimo , pues los clientes desesperan por el desabastecimiento de mascarillas , guantes de geles hidro-alcohólicos que hasta ahora ha sido una lucha con proveedores, además de las largas colas de espera , unido a las noticias de los fallecimientos de clientes habituales y al miedo a la exposición diaria de gente infectada.
Pero por otro lado sentimos día a día la compresión ,el reconocimiento y el agradecimiento de los clientes y eso te hace sentir “más sanitario” y que esta profesión ha puesto su granito para combatir la enfermedad.

 

 

Me llamo Mara Noris, tengo 46 años y soy madre de dos chicos de 17 y 13 años. Trabajo como colaboradora en una pequeña farmacia municipal del pueblo de “Val Seriana” en la provincia de Bérgamo, Italia, a pocos kilómetros del hospital de Alzano Lombardo, hospital que no fue aislado a pesar de que el 23 de febrero se confirmaron los casos de Covid. Desde el momento en que me di cuenta de que este virus comenzó a circular en nuestro valle empecé a hacer una especie de “educación sanitaria”para tratar de explicar a mis clientes (todos muy poco cuidadosos) ¡la gravedad de la situación, invitándoles a evitar en la medida de lo posible los contactos sociales y a salir sólo por extrema necesidad! En la farmacia instalé protecciones con pexiglás y limité la entrada a una única persona al mismo tiempo. No teníamos masacaras. Y yo continué trabajando asiduamente sin las protecciones adecuadas porque nadie pensó en los farmacéuticos. A principios de marzo, un médico que entró en la farmacia, viéndome desprovisto de EPI, me dio generosamente 4 máscaras quirúrgicas que desinfectaba diariamente y que he usado durante un mes, hasta que finalmente las tan esperadas mascaras llegaron, con precios exorbitantes, eso sí, pero por lo menos llegaron. Mientras que algunos médicos de cabecera sólo hacían las visitas “por teléfono”y los hospitales estaban saturados, toda la población necesitada de cuidados e información se abalanzó a las farmacias de nuestra zona y nos vimos saturados. Estaba agotada físicamente y psicológicamente.

He trabajado ininterrumpidamente 12/14 horas al día durante semanas con largas filas de pacientes que necesitan medicamentos, oxígeno, ayuda, apoyo. Hubo varios días en que los tanques de oxígeno no eran suficientes para satisfacer la demanda (un día llegué a contar 43 solicitudes de oxígeno y yo en farmacia no tenía ni siquiera un tanque!) El teléfono no paraba de sonar y la pregunta era siempre la misma “¿Tienes un tanque de oxígeno?”….” No, señora, lo siento” y sentías la desesperación al otro lado del teléfono. Para añadir más estrés a la situación, constantemente se oía el ruido de las sirenas de las ambulancias que anunciaban una nueva urgencia hospitalaria. Vimos morir a padres, madres, abuelos, amigos, vecinos, y llegamos al punto en que los enfermos ya no podían ser llevados al hospital por estar éstos saturados. Los enfermos eran atendidos en sus casas por sus familiares convertidos en unos improvisados enfermeros. En muchas familias ha habido más de un luto…lutos no interiorizados porque ni siquiera podías despedirte de tu ser querido y honrarle con el funeral que todos merecemos al final.
¡Quizás aprendamos a tener respeto por todos los seres de este planeta ahora que entendemos lo que significa perder la libertad!